La Marca
La primera vez que apareció, pensé que había entrado alguien en mi habitación.
Desperté a las tres de la madrugada con la sensación de que no estaba sola.
La ventana estaba cerrada.
La puerta tenía el pestillo echado.
Sin embargo, había una sombra junto al armario.
No una sombra normal.
Algo más oscuro que la propia oscuridad.
Algo que parecía absorber la luz de la habitación.
No se movía.
No respiraba.
Solo estaba allí.
Observándome.
Grité.
Encendí la lámpara.
Y desapareció.
Durante semanas intenté convencerme de que había sido una pesadilla.
Hasta que comenzaron las heridas.
Pequeños cortes aparecían cada mañana sobre mi piel.
Primero en los brazos.
Después en los hombros.
Después en la espalda.
Líneas finas.
Simétricas.
Como si alguien intentara escribir algo debajo de mi piel.
Los médicos no encontraron explicación.
Los análisis eran normales.
Las cámaras de seguridad tampoco mostraban nada extraño.
Y aun así las heridas seguían apareciendo.
Cada noche.
Sin excepción.
La sombra regresó cuando llegó el otoño.
La encontré sentada al borde de mi cama.
Esta vez no desapareció.
La luz no le afectó.
Permaneció inmóvil mientras yo temblaba bajo las sábanas.
Entonces escuché su voz.
No provenía de su boca.
Ni siquiera estaba segura de que tuviera una.
La escuché dentro de mi cabeza.
—Perdóname.
Aquellas fueron sus primeras palabras.
No una amenaza.
No una maldición.
No una orden.
Una disculpa.
Las heridas empeoraron.
Pero también comenzaron a ocurrir otras cosas.
Cuando tenía ataques de ansiedad, una sensación cálida rodeaba mi pecho.
Cuando lloraba, encontraba plumas negras sobre la almohada.
Cuando alguien intentó hacerme daño una noche al volver a casa, apareció una figura imposible al final de la calle.
El hombre salió corriendo gritando.
Nunca volví a verlo.
La entidad permaneció.
Siempre a distancia.
Siempre observando.
Siempre sufriendo.
Y cuanto más tiempo pasaba, más comprendía que aquello tampoco era fácil para ella.
Porque cada vez que cruzaba al mundo humano algo dentro de su cuerpo se rompía.
Su forma cambiaba.
La sombra sangraba.
A veces encontraba manchas negras en las paredes.
A veces restos de una sustancia oscura que olía a hierro y ceniza.
Una noche reuní el valor para preguntarle qué era.
La habitación permaneció en silencio durante varios segundos.
Luego respondió.
—Lo que ustedes llamarían demonio.
Debería haber sentido terror.
Y lo sentí.
Muchísimo.
Pero también vi otra cosa.
Vi tristeza.
Una tristeza tan antigua que parecía haber sobrevivido a siglos enteros.
Con el tiempo descubrí la verdad.
No me estaba persiguiendo.
No intentaba poseerme.
Intentaba resistirse.
Porque cuanto más tiempo permanecíamos cerca, más se debilitaba la barrera entre nosotros.
Mi alma comenzaba a abrirse.
Y la suya comenzaba a escapar.
Los exorcismos llegaron después.
Los sacerdotes.
Las bendiciones.
Las oraciones.
Las cadenas.
Las cruces.
Todos aseguraban que aquella cosa quería mi cuerpo.
Todos decían que era una entidad maligna.
Todos prometían liberarme.
Nadie preguntó jamás qué quería yo.
La última noche lo encontré arrodillado en el rincón de mi habitación.
Su cuerpo ya casi no conservaba forma humana.
Las sombras se desprendían de él como humo.
Sus ojos eran dos heridas abiertas llenas de oscuridad.
Y aun así seguía siendo él.
—Si permaneces conmigo morirás —susurró.
—Lo sé.
—Si me dejas entrar no habrá vuelta atrás.
—Lo sé.
—Te convertirás en algo distinto.
Me acerqué.
Apoyé la frente contra la suya.
La habitación comenzó a temblar.
Las paredes sangraron.
Las luces explotaron.
Escuché cientos de voces gritando desde algún lugar imposible.
Pero no me aparté.
Porque comprendí algo que nadie más entendía.
Aquello no era una posesión.
Era una unión.
Dos criaturas condenadas a existir separadas intentando sobrevivir.
Sus labios rozaron los míos.
Y abrí la puerta.
Dicen que el demonio me posee.
Que ya no soy la misma.
Que algo monstruoso vive dentro de mí.
Quizás tengan razón.
A veces escucho su voz cuando estoy sola.
A veces veo sus ojos reflejados en los espejos.
A veces mi sombra tiene una forma que no debería existir.
Pero también siento su mano cuando duermo.
Y su corazón latiendo junto al mío.
Porque después de toda una eternidad buscándonos...
por fin compartimos el mismo cuerpo.
👻 Nota de protección
Este texto está protegido.
Si aparece en otro perfil sin mi nombre, no es plagio: es una posesión mal ejecutada.
Recomiendo exorcismo y borrar.



Me encantó 🖤
Me encantó!